Habilidades de autonomía en niños

Trabajar la autonomía desde pequeños

El aprendizaje no consiste sólo en saberse de memoria los colores o los números. A lo largo de nuestra vida adquirimos a través de la experiencia habilidades, destrezas, conocimientos. La mejor forma de conseguir estas destrezas, como bien sabemos los terapeutas ocupacionales, es a través de actividades significativas. Por ello, no es lo mismo si a un niño le obligamos a amasar durante unos minutos un pegote de masilla, que si hacemos con él una masa con el estupendo resultado final de unas galletas.

Las actividades de la vida diaria, como vestirse, cocinar, lavarse los dientes o hacer la cama, están compuestas por pasos con los que podemos trabajar grandes cosas: desde habilidades cognitivas (la planificación, categorización, secuenciación, atención, memoria, etc.), percepción sensorial (propiocepción, percepción táctil, integración visual), hasta destrezas motrices (cruzar la línea media, fuerza muscular, coordinación oculomanual, etc.). Y no sólo eso: estas actividades nos ayudan a comprender las rutinas, a situarnos en nuestro entorno, a participar en la sociedad (la familia, el colegio, etc.), y a adquirir seguridad y reforzar nuestra autoestima.

Que seamos independientes de adultos es algo que se aprende poco a poco, desde que somos pequeños, y debemos fomentarlo desde el principio. Sin anticiparnos, ofrecemos ayuda en los pasos que necesiten: por ejemplo, para vestirse, quizás no sepan abrocharse los botones todavía, pero eso no quiere decir que le tengamos que poner el abrigo entero. Después, puede que sólo requiera ayuda verbal (puede que con recordar el siguiente paso o describir cómo se hace, evitemos tener que intervenir directamente).

A continuación os dejamos un ejemplo de las actividades que pueden ir realizando según la edad, con algunos de los componentes que se trabajan:

 

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