Uno más de la familia

Cuando Natalia, una buena amiga, se enteró de que en nuestro centro comenzábamos a realizar terapia asistida con animales, fue la primera en darnos todo su apoyo.  Hoy, ha querido contarnos su historia, para animar a todas esas personas que podrían beneficiarse de una terapia tan especial. 

 “Me llamo Natalia, y tengo 28 años. Este mes de marzo, dos días después de mi cumpleaños me diagnosticaron una enfermedad de las llamadas raras, es “Cushing”, de la cual existen poquísimos casos, y según parece en algunos casos le da por producir tumores, que pueden ser malignos o benignos, en glándula suprarrenal o en la hipófisis.

 Antes de que me lo detectaran di mil vueltas por mil médicos, pero no fue hasta ese día que gracias al empeño de mi madre a través de un amigo, fuimos a un médico que me lo diagnosticó y me dejó ingresada lógicamente, pues mi tumor en principio estaba en la glándula suprarrenal izquierda.

En apenas diez días me intervinieron, y vieron que como ellos decían “no era ni bueno ni malo”. Pero como algún doctor del equipo no se quedó tranquilo, me mandaron hacer una prueba más específica, un PET-TAC. Que reveló que se me había ido al hígado.

 Tras varios tratamientos de quimioterapias distintas, sin funcionar ninguno, es más, el tumor ha crecido, ahora mismo estoy con tratamiento y con muchas esperanzas.

Este es mi caso.

Ahora os cuento el caso de mi perra. Un día volvía de la finca que tienen mis padres en Guadalajara, era de noche casi, y vimos un perro que corría como loco hacia todas partes mientras unos chicos lo intentaban coger.

Nos paramos, para mi gran sorpresa, ya que mi madre siempre ha sido una casi enemiga de tener perros o gatos en casa.

Cuando por fin conseguimos cogerla, se notaba que había sido abandonada, tenía miedos, no comía, pulgas,  estaba sucia… en fin al día siguiente fuimos al veterinario, y tener un perro siempre había sido el sueño de mi hermano pequeño. Vi a mi madre tan decidida a adoptarla cuando nos confirmaron que no tenía chip, que creo que fue como amor a primera vista.

Poco a poco ha ido superando todos sus miedos y está completamente adaptada, se siente querida y un miembro más de la familia.

Y ahora el por qué de todo esto. Mi perra viene a despertarme cada mañana, cuando estoy enferma se

tumba a mi lado y me acompaña cuando voy tambaleándome al baño. Es capaz de por sus gestos, sentándose y señalándome indicarme lo que necesita o lo que necesito yo.

Y sobre todo tengo muchos días que sólo me gustaría quedarme en casa llorando tumbada en el sillón. Pero sé que tiene que salir a dar el paseíto, y pienso en lo a gusto que vamos por la calle  dándonos el sol en la cara, mirándome de vez en cuando para asegurarse de que voy con ella y siento que hasta me sonríe.

Luego para mí no es que sea una terapia, es que es un miembro más de la familia, que sufre y se alegra, que nos acompaña. Un perro no es una mascota, es un miembro de la familia, que te da todo su cariño.

Para mi es terapéutica mi perra, y no la cambiaría por nada.”

Desde Mínimi, queremos agradecer a Natalia  el ofrecernos su historia como experiencia. La sensibilidad especial de los perros, de la que habla nuestra amiga, es un elemento muy importante que hemos querido incorporar con el servicio de terapia asistida con animales.

Natalia, mucho ánimo, y a por todas. Gracias por ser un motivo de inspiración.